El PASAJE A LAS FRONTERAS MISIONERAS
22 febrero 2026El espíritu misionero y el pasaje hacia las fronteras misioneras en cada generación de hermanas claretianas en todo el mundo comenzaron hace 174 años, el 22 de febrero de 1852. Nuestra madre, la fundadora María Antonia Paris, y sus compañeras Florentina Sangler, Antonia y María Gual y María Josefa Caixal, embarcaron hacia Cuba marchando con convicción y disposición a la voluntad de Dios, profundizada a través de su encuentro personal con el Señor en el templo de la vida cotidiana. Trascendieron las limitaciones sociales generales impuestas a las mujeres españolas en una época en la que el estribillo “la mujer en casa, y con la pata quebrada” caminaron la distancia con la certeza de que Dios siempre las pondría bajo su sombra. No fue un viaje fácil para las mujeres en aquella época, enfrentándose a condiciones peligrosas;los viajes, especialmente en barcos de vela, eran largos y peligrosos. Los pasajeros de tercera clase sufrían mala higiene, enfermedades y, en condiciones meteorológicas adversas, confinamiento en espacios oscuros y sin ventilación. Nuestra madre fundadora y sus compañeras eligieron el lugar más sencillo del barco, ignorando la oferta del capitán, hacia un lugar más seguro y mejor. Se alegraron en la sencillez y tocaron el corazón de los marineros durante todo su viaje. Enfrentaban un riesgo de seguridad con los naufragios; Los marineros eran un miedo constante porque estaban en medio del océano con pocas opciones de rescate, pero las hermanas mantuvieron la calma e invitaron a la oración que puso en paz al capitán y a los marineros.
Tras un largo y peligroso viaje de tres meses, llegaron a Port de Santiago, Cuba, el 26 de mayo de 1852, y cinco jóvenes llegaron al puerto de Santiago de Cuba.
Este año nuestra congregación iniciará un nuevo paso de programa de formación “un noviciado para todos” y el primero grupo de novicios de todo el mundo iniciará su Pasaje de Noviciado en España. Allí compartirán su singularidad, vivirán en un intercambio cultural con un espíritu claretiano. Que la Madre París y sus compañeras sigan inspirándonos a salir de nuestro lenguaje y comodidad cultural en conformidad con la misión universal de la Iglesia.



