Encuentro de formación a las madres y profesores del colegio María Inmaculada fe y alegría
3 diciembre 2025El 25 de noviembre, Santo Domingo se transformó en un espacio de encuentro y luz. En una sala sencilla pero llena de calidez humana, el grupo de madres que colabora con las hermanas, como representantes de los padres de familia, se reunió con un corazón abierto y una viva curiosidad. Este encuentro formativo, animado por Catherine, tenía como objetivo profundizar en la comprensión de los rasgos carismáticos de nuestra misión educativa, resumiéndolos en dos puntos esenciales: un gran amor por la Iglesia y la urgencia de anunciar el Evangelio a todos los pueblos.
Estos valores, en el corazón de la identidad claretiana, despertaron un vivo interés y una profunda reflexión entre las participantes. Las madres expresaron su alegría y gratitud por esta oportunidad de conocer mejor la misión que inspira la educación de sus hijos. Palabras simples pero profundas resonaron en la sala como una invitación a ir más allá.
Las madres escuchaban atentamente, y se percibía en sus miradas una emoción sincera: la alegría de comprender que la educación de sus hijos no es solo transmisión de conocimientos, sino una misión que se arraiga en el amor y la fe. Al final, los intercambios estuvieron llenos de gratitud. Varias expresaron cuánto se sentían honradas de colaborar en una obra que trasciende los muros de una escuela para tocar corazones y transformar vidas. Al salir de la sala, había sonrisas, conversaciones animadas, palabras de agradecimiento hacia las hermanas y, sobre todo, un sentimiento compartido: formamos parte de algo grande y hermoso.


Dos días después, el 27 de noviembre, otro encuentro trajo un soplo de esperanza, esta vez con los profesores del Colegio María Inmaculada FE y ALEGRÍA. Beatriz, con dulzura y convicción, guió esta sesión en torno a un tema que toca a cada educador en lo más profundo: la vocación educativa. Presentó la carta que el Papa escribió para el jubileo de los educadores, un texto vibrante que recuerda los cuatro aspectos de la doctrina que el Papa considera fundamentales para la educación cristiana: la interioridad, la unidad, el amor y la alegría, invitándolos, como dijo el Papa, a hacer de estos valores los “puntos cardinales” de su misión con los alumnos.
Las palabras del Papa, transmitidas por Beatriz, abrieron un espacio de reflexión y diálogo. Los docentes compartieron sus experiencias, sus desafíos cotidianos, pero también los sueños para sus estudiantes. Hubo sonrisas, miradas cómplices y, a veces, silencios cargados de emoción, como si cada uno redescubriera la belleza de su misión.
Este momento se vivió en un ambiente de fraternidad y confianza. Los intercambios no fueron solo intelectuales, sino profundamente humanos. Al final, se sentía una energía nueva circulando en la sala: una motivación renovada, una alegría sencilla pero fuerte y, sobre todo, la convicción de que enseñar es sembrar semillas de esperanza en el corazón del mundo. Los profesores se marcharon con un nuevo aliento, listos para continuar su misión con fe y audacia.

Estos dos encuentros, tan diferentes en su público, pero unidos por el mismo espíritu, fueron espacios de gracia. Fortalecieron los lazos entre padres, educadores y la comunidad claretiana, en una dinámica de colaboración y esperanza. Nos recuerdan que la misión educativa no es solo una tarea, sino una vocación que compromete el corazón, la inteligencia y la fe. Al salir de estos momentos, sabíamos que algo hermoso había comenzado a crecer: una misión vivida juntos, con amor, alegría y audacia.
