La vida consagrada, profecía de presencia y comunión

1 febrero 2026

Celebramos el Día de la Vida Consagrada con gratitud y esperanza, conscientes del don que esta vocación representa para la Iglesia y para el mundo. Nuestra vida, entregada al Señor, quiere ser signo humilde y fiel de su amor, especialmente allí donde la dignidad humana es herida y la fe parece frágil.

Como nos recuerda el mensaje del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, la vida consagrada es hoy una verdadera profecía de presencia: una presencia que no huye de la realidad, sino que permanece, acompaña y cuida. En medio de contextos marcados por la pobreza, la violencia, la exclusión o la incertidumbre, estamos llamadas a ser cercanas, a sostener la vida y a anunciar la esperanza con gestos sencillos y concretos.

Esta llamada se vive, para nosotras, desde la comunión. Así lo expresan nuestras Constituciones, cuando afirman: “El Señor nos ha consagrado en el bautismo y nos ha concedido la gracia de seguir a Cristo , a imitación de los Apóstoles, para formar una sola familia  y anunciar la Buena Nueva de su Reino. Es de suma importancia para la vida y misión de nuestro Instituto que todas las comunidades del mismo tengan entre sí ‘una perfecta caridad y fina armonía […]’, expresadas en una completa comunión de bienes tanto espirituales como materiales” (Const. 11).

Vivir como una sola familia, en armonía y comunión fraterna, fortalece nuestra misión y hace creíble el anuncio del Reino. Como Misioneras Claretianas, renovamos en este día nuestro compromiso de ser presencia evangélica, sembrando fraternidad, esperanza y paz allí donde el Señor nos envía.

En estos días se está distribuyendo el texto María Antonia París amiga y compañera de camino.