Visita fraterna y misionera a la comunidad de Santiago de Cuba

14 diciembre 2025

Del 28 de noviembre al 4 de diciembre hemos tenido la gracia de vivir una visita fraterna y misionera a la comunidad de nuestras hermanas en Santiago de Cuba. Este tiempo de encuentro y de compartir ha estado profundamente marcado por la comunión, la sencillez y la alegría de la misión vivida juntas. Hemos podido acercarnos a la realidad de la Iglesia local y a la misión asumida por nuestras hermanas, una misión arraigada en el corazón del pueblo, muchas veces en contextos de gran pobreza, pero siempre iluminada por la esperanza.

Desde nuestra llegada fuimos acogidas con una gran cordialidad, signo concreto de fraternidad y comunión. La misma tarde del día en que llegamos participamos en la Eucaristía en la Catedral, un momento intenso de oración que nos unió profundamente a la comunidad cristiana local. Antes de la celebración, visitamos varios lugares cargados de historia: la antigua escuela fundada por las hermanas, la antigua comunidad y la calle donde nuestra Madre Fundadora vivió a su llegada a Cuba. Esta visita, aunque breve, fue particularmente conmovedora. Caminar sobre el suelo que ella caminó reavivó en nosotras la fuerza del carisma que nos anima y la fidelidad de las hermanas que nos precedieron.

También participamos en la catequesis de los niños en la parroquia. Su sencillez, su alegría y su entusiasmo nos tocaron profundamente. El compromiso de los catequistas, formados por las hermanas, da testimonio de un trabajo paciente y discreto, sostenido por un amor sincero al Evangelio y a los más pequeños.

El domingo 30 de noviembre vivimos un momento significativo de comunión con la Familia Laical Claretiana, compuesta por diecisiete personas. Este espacio de encuentro y diálogo fraterno fortaleció los lazos y renovó la alegría de caminar juntos en la misión.

El 1 de diciembre nos dirigimos al cementerio para rendir homenaje a nuestras hermanas difuntas. Este momento de silencio y oración, profundamente emotivo, nos recordó que la misión que vivimos hoy se apoya en el don de sus vidas y en la fidelidad de su testimonio.

Los días siguientes estuvieron marcados por numerosas visitas apostólicas. Participamos en la distribución de alimentos a personas mayores y enfermas; sus sonrisas, miradas agradecidas y palabras sencillas dieron un rostro concreto a la misión vivida desde la cercanía y el amor. También nos encontramos con grupos de madres comprometidas en el compartir de la Palabra de Dios, donde cada una encuentra un verdadero espacio de familia, apoyo mutuo y crecimiento en la fe. Los tiempos de “conversación en el Espíritu”, así como la participación en la vida educativa del colegio La Salle, enriquecieron nuestra experiencia misionera.

El 4 de diciembre participamos en la Eucaristía en el Obispado y tuvimos un encuentro con el obispo, Monseñor Dionisio. Su acogida sencilla y fraterna, así como sus palabras de ánimo sobre la situación de la Iglesia y del país, fueron para nosotras una fuente de consuelo y esperanza. Este encuentro confirmó el sentido de nuestra presencia y la importancia de continuar la misión con confianza y fidelidad.

En estos días se está distribuyendo el texto María Antonia París amiga y compañera de camino.