El “modo avión” del alma
4 abril 2026Imagínate que el mundo entero, que vive a un ritmo frenético, se pone en pausa. Todas las noticias recibidas el viernes (el juicio, la cruz, el dolor, la tristeza, la muerte) han cesado, pero la música y la alegría del domingo aún no empiezan. Es un silencio técnico, como cuando una película se detiene a la espera de la escena final. En este “modo avión”, el ruido externo cesa para que puedas escuchar el latido de tu propio corazón, de tu propia esperanza. Es el silencio en su máxima expresión; no es “vacío”, sino espacio; no es indiferencia de Dios, sino su forma de trabajar en lo oculto. Es el día “de la esperanza escondida” junto a María.
El sábado santo es la hora de la madre y de la valentía de las mujeres. Mientras los discípulos estaban encerrados por miedo, confundidos, acobardados; María y las mujeres no se dejan paralizar. Ellas “vieron el destello de la luz” en la oscuridad porque amaban. María es la única que mantiene viva la llama de la fe y la esperanza cuando todo parecía perdido. Por lo tanto, no es un silencio de desesperación, sino de esperanza absoluta en la promesa de la resurrección.
El sábado santo es el día para confiar en que Dios tiene el poder de remover nuestras “lápidas”, las piedras que nos bloquean (el pesimismo, la tristeza, el “no sirve de nada” o el rencor) y darnos un nuevo comienzo.
El sábado santo es el latido pausado de la tierra, es el día de preparación para la luz, que nos enseña a esperar contra toda esperanza, recordándonos que “la oscuridad no tiene la última palabra” y para que el “aleluya” de la Vigilia Pascual brote de un corazón renovado.
