EL SILENCIO DE LA MADRE

10 abril 2020

María recordará y comprenderá, las palabras de Simeón, “…una espada traspasará tu propia alma…” a partir de la muerte en cruz de su Hijo Jesús. Ante ello, sólo podía haber una respuesta, un espacio donde pudiera madurar ese dolor: el silencio. 

El silencio que no es mudez estéril sino espacio fecundo para alcanzar la sabiduría de los planes de Dios. Es un silencio habitado que custodia la esperanza de la novedad que va brotando.

Hay silencio en el sábado santo porque la Vida duerme, y es necesario un oído atento y un corazón que guarda todas las cosas para darse cuenta de que la vida ya está brotando. Sólo hay que callar confiando. Y esperar…

Sábado Santo : es un día de meditación y silencio. Algo parecido a la escena del libro de Job, cuando los amigos que fueron a visitarlo, al ver su estado, se quedaron mudos, atónitos ante su inmenso dolor: “se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande” (Job. 2, 13).

Cristo está en el sepulcro, ha bajado al lugar de los muertos, a lo más profundo a donde puede bajar una persona. Y junto a Él, como su Madre María, está la Iglesia, la esposa. Callada. Contemplando.

María, que vive su dolor desde la fecundidad del silencio, es imagen de la actitud cristiana en este tiempo de transición hacia la Pascua. Su silencio es fe ungida de esperanza. Calla y confía.

En estos días se está distribuyendo el texto María Antonia París amiga y compañera de camino.