Guantánamo: fe viva y compromiso social
15 diciembre 2025Del 5 al 11 de diciembre hemos tenido la gracia de vivir una visita profundamente significativa en la comunidad de Guantánamo, en un ambiente marcado por la sencillez, la cercanía y un auténtico espíritu de familia. Damos gracias al Señor por este tiempo tan valioso que nos ha concedido: un tiempo de encuentro sincero, de conocimiento mutuo y de descubrimiento atento de la misión que las hermanas realizan con generosidad en este contexto. A lo largo de estos días caminamos juntas, compartimos la vida cotidiana, las alegrías, los desafíos y los silencios, como verdaderas hermanas y misioneras, unidas por la misma llamada y el mismo deseo de servir.
A lo largo de las visitas pudimos acercarnos a la realidad pastoral y al compromiso misionero generoso que las hermanas viven, en primer lugar, en la parroquia La Milagrosa y en sus diversas comunidades de la montaña y de las zonas rurales. Las visitas a las comunidades de El Limonar, Ojos de Agua, El Salvador, San José Obrero, así como a Cáritas, fueron momentos cargados de emoción, marcados por la acogida sencilla, la fe viva del pueblo y la presencia cercana y atenta de las hermanas junto a cada persona. Estas experiencias tocaron profundamente nuestros corazones y ampliaron nuestra mirada sobre la misión vivida día a día.
El descubrimiento de la parroquia San José Obrero y de sus comunidades rurales —Santa Cecilia, La Sombrilla, Maquecita, Maquey, Arroyo Hondo y Paraguay— nos permitió adentrarnos aún más en la diversidad y riqueza humana y espiritual de esta misión. Cada comunidad, cada encuentro y cada mirada encerraban una historia, una esperanza y una fe humilde pero profundamente arraigada, que nos conmovieron e interpelaron profundamente.
Durante nuestra estancia vivimos con una alegría especial la fiesta de la Inmaculada Concepción en la parroquia San José y, de manera particular, en la comunidad de Ojos de Agua. La Eucaristía, la comida compartida, la música y la fraternidad sencilla y sincera crearon un clima de profunda comunión. Nos sentimos cercanas al pueblo, a los hermanos y hermanas, y al mismo Dios. Esta celebración fue una experiencia eclesial y fraterna intensa, que alimentó nuestra fe, renovó nuestra esperanza y fortaleció nuestro compromiso misionero.
También tuvimos la oportunidad de participar en un encuentro con el grupo de personas mayores y enfermas. El compartir vivido en un ambiente de formación, escucha y respeto nos permitió tocar con el corazón sus preocupaciones, sus sueños, sus alegrías y, sobre todo, su fuerza interior y su admirable valentía. Sus rostros, marcados por la vida pero iluminados por la esperanza, fueron para nosotras un testimonio conmovedor de fe y perseverancia.
Otro momento especialmente fuerte y lleno de emoción fue la participación en el encuentro de formación del grupo «Faro, luz y guía» en Punta Maisí, dirigido a adolescentes y madres, en el marco del Proyecto de Grupos de Desarrollo Humano. La calidad humana y espiritual de las enseñanzas transmitidas por las formadoras, así como la cercanía, la escucha y el compromiso de los participantes, constituyeron una riqueza excepcional y una verdadera fuente de ánimo y esperanza.
Tuvimos también la gran alegría de visitar la Guardería Santa Isabela, en el barrio Loma de Chivo, un espacio vivo, cuidado, lleno de ternura y creatividad. La atención brindada a los niños, el clima profundamente humano y la dedicación de quienes trabajan en este servicio nos tocaron el corazón y despertaron en nosotras una profunda admiración por esta labor educativa portadora de futuro.
Finalmente, compartimos hermosos momentos fraternos con nuestros hermanos CMF y tuvimos la ocasión de saludar e intercambiar brevemente con Mons. Silvano Herminio Pedroso Montalvo, obispo de la diócesis. La visita al obispado y el encuentro con los sacerdotes diocesanos fueron para nosotras una experiencia eclesial rica y profundamente enriquecedora, que fortaleció nuestro sentido de pertenencia a la Iglesia y nuestra comunión en la misión.



