La Santísima Trinidad es el hogar donde nace, se nutre y se proyecta la vocación claretiana
30 mayo 2026En el Domingo de la Santísima Trinidad, la Iglesia contempla el gran misterio de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas unidas en un amor perfecto. La Trinidad no es una doctrina lejana, sino la comunión viva de amor que abraza a toda la humanidad y nos invita a entrar en relación con Dios y con los demás.
Esta celebración adquiere un significado aún más profundo al coincidir también con la fiesta de la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel, celebración que inspira la Jornada Vocacional Claretiana. María, llevando a Jesús en su seno, va apresuradamente a servir y a llevar alegría a Isabel. Su visita se convierte en un momento de encuentro, bendición y misión.
El misterio de la Trinidad se refleja en esta hermosa escena del Evangelio. El Padre envía al Hijo al mundo; el Hijo es llevado por María; y el Espíritu Santo llena de alegría a Isabel y a Juan Bautista. El amor se pone en camino, sale al encuentro del otro y da vida.
La vocación claretiana hunde sus raíces en este mismo dinamismo misionero. Como María, toda misionera claretiana está llamada a llevar a Cristo a las personas, especialmente a quienes necesitan esperanza, compasión y la Palabra de Dios. La vocación no es simplemente una elección personal; es una respuesta a la invitación amorosa del Dios Trinidad para participar en su misión.
Contemplemos la Trinidad y preguntémonos: ¿La Trinidad nutre y proyecta mi vocación claretiana? ¿Me ayuda a crear hogar con mis hermanas y con los laicos con los cuales vivo la misión?
Como María, salgamos con generosidad, humildad y alegría, llevando a Cristo a los demás con nuestras palabras y nuestras obras y renueve en nosotros el “espíritu de familia”.

