La vocación puesta a prueba

25 agosto 2026

Los períodos de dificultad, incertidumbre y crisis forman parte inevitable de la vida. A medida que vamos creciendo y madurando, adquirimos poco a poco una mayor sabiduría y una comprensión más profunda del sentido y significado de nuestra existencia. A través de nuestras experiencias, aprendemos también a afrontar las dificultades con valentía y a hacer frente a los desafíos que encontramos a lo largo de nuestro camino.

Del 10 al 12 y del 17 al 21, Dulce María, Priscilla y Amilbia guiaron la reflexión sobre la importancia de afrontar los desafíos de la vida con sabiduría y madurez. Nos animaron a acoger cada experiencia como una oportunidad de crecimiento y a seguir adelante con un corazón agradecido, reconociendo que los diferentes momentos y circunstancias de la vida contribuyen a forjar lo que somos.

Nos recordaron también las actitudes que nos ayudan a vivir una vida plena y con sentido: cultivar una relación sana y profunda con Dios, con nosotros mismos, con los demás y con el mundo que nos rodea. En lugar de permanecer atrapadas en el pasado, estamos llamadas a abrirnos al presente y a mirar hacia el futuro con esperanza y confianza.

Durante la segunda parte de la sesión, Priscilla y Amilbia subrayaron cómo nuestros Fundadores vivieron su vocación y misión a pesar de los desafíos, las dificultades y las experiencias dolorosas que tuvieron que afrontar en diferentes momentos de sus vidas. Lo que les permitió mantenerse fieles y perseverantes fue su profunda relación con Dios, la búsqueda constante de su querer, su pasión por la misión y su firme deseo de hacer ante Él lo que es bueno y justo.

Las actividades, las dinámicas de grupo, los momentos de oración, las reflexiones y las presentaciones fueron momentos significativos y enriquecedores a lo largo de las sesiones. Crearon un ambiente de participación, apertura y fraternidad, permitiendo que cada hermana pudiera compartir sus pensamientos, experiencias y sentimientos. Estos espacios favorecieron una mayor reflexión personal y comunitaria y nos ayudaron a aprender unas de otras.

Estamos profundamente agradecidos a Dulce, Priscilla y Amilbia por su guía, acompañamiento y cercanía durante esta etapa tan significativa de nuestras vidas y en el camino de vida de nuestros Fundadores. Su presencia, dedicación y aportación nos han ayudado a profundizar en nuestra propia vocación, a valorar más el camino recorrido y a afrontar el futuro con mayor fe, esperanza, madurez y confianza en Dios.

Celebramos con gozo el Año Jubilar de la Venerable Sierva de Dios Mª Teresita Albarracín, redescubriendo cada mes su vida, su mensaje y su alegría.